domingo, 1 de noviembre de 2009

Lecturas para compartir.

Aliena, hija del ex conde de Shiring, caído en desgracia -encarcelado y moribundo- caminando por los campos junto a su hermano Richard, harapientos, descalzos, buscaban trabajar en cualquier cosa con tal de mitigar su hambre y miseria. Narración mía.


-Entonces, ¿cómo puedo ayudaros?

-¿Me admitirías como sirvienta? El hombre se sobresaltó.

-¿A una cristiana? ¡Desde luego que no!

-Sí ya sé que tenéis buena voluntad, pero durante toda vuestra vida os han servido otros e incluso ahora, en lo más profundo de vuestro corazón, estáis convencida de que las cosas deberían arreglarse para daros satisfacción. Las personas de alto linaje son malas a la hora de servir. Son desobedientes, resentidas, irreflexivas y susceptibles, creen trabajar firme cuando hacen cualquier cosa menos eso y crean dificultades con el resto del servicio. –Se encogió de hombros-. Esa es mi experiencia.

-Pero ¿qué podemos hacer? –preguntó, desalentada.

-Yo sólo puedo deciros lo que haría un judío. Buscaría algo para vender. Cuando llegué a esta ciudad empecé comprando joyas a gente que necesitaba el dinero, fundiendo luego la plata y vendiéndosela a los acuñadores.

-Pero ¿de dónde sacó el dinero para comprar las joyas?

-Pedí prestado a mi tío, y debo decir que se lo pagué con intereses.

-Pero a nosotros nadie nos prestará.

El hombre pareció pensativo

-¿Qué habría hecho yo si no hubiera tenido tío? Creo que habría ido al bosque y recogido nueces; luego las habría traído a la ciudad y las habría vendido a las amas de casa que no tienen tiempo para ir al bosque ni plantan árboles en sus patios traseros porque están llenos de basura y suciedad.

-En esta época del año no hay nueces –alegó Aliena. El orfebre sonrió.

-La juventud siempre es impaciente –dijo-. Esperad un poco.


"Los pilares de la tierra". Ken Follett.


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